Escuela de Capacitación CePA.
Centro de Pedagogías de Anticipación.

Curso en Sede:
"Familia y Escuela en la Diversidad", Primer Cuatrimestre.
Sede Central 9ª. Av. Santa Fé 4300.

Núcleo:
"Sujetos e Instituciones."

Diseño y Publicación del material, Prof.Patricia Mendy.
2007

martes, 8 de mayo de 2007

SOCIEDADES SIGLO XXI

¿El fin de la familia tipo?
Cora Cáffaro
*

Monoparentales, ensambladas, binucleares, uniones de hecho o parejas del mismo sexo. Las diversas y confusas modalidades de la familia actual redefinen el funcionamiento del hogar.


Cuando Bety (50) y Angel (48) se conocieron venían de matrimonios anteriores. Bety se había casado 5 años antes con Luis (52), con quien tuvo a Juan Cruz y a Sabrina, hoy de 28 y 25. Angel se había divorciado de Hilda (45), y ya tenía a Mauricio de apenas 3 meses. Con Juan Cruz y Sabrina a cargo, Bety y Angel fueron una pareja de hecho durante 8 años hasta que decidieron pasar por el registro civil. Pero en el medio tuvieron a Juan Angel (18). Por su parte, Luis conoció a Claudia, vivió varios años con ella y tuvieron a Sebastián (17); se separó y formó pareja con Angélica (44), y con ella tuvo a Darío (5). El caso parece enredado pero representa una de las tantas tipologías de familia que, marcando la entrada en el nuevo siglo, dejan atrás a la hegemónica “familia tipo”, ese modelo formado por papá, sostén económico; mamá, dedicada al hogar; y dos hijos, preferentemente una nena y un nene.

Irene Loyácono, Licenciada en Psicología y directora del Centro de Terapias con Enfoque Familiar (CeTEF), reúne unos cuantos datos: que hoy cerca del 50 por ciento de los matrimonios se divorcia, que se habla de un aumento del 30% en las uniones de hecho y que hay más de 300.000 familias ensambladas, según el Censo Nacional de 2001. Y agrega: “Hace 3 años, más de 1.234.000 casas estaban habitadas por personas que antes vivían separadas (los hijos que vuelven al hogar paterno o los familiares o conocidos que, forzados por la crisis, deciden vivir juntos). Todos estos cambios se han producido sobre todo en las clases medias, ésa es la novedad”.

¡Somos una bocha! Mi familia es una gran mezcla pero yo siento que cada integrante tiene su lugar. Con cada uno de mis hermanos me relaciono de diferente manera pero por todos siento el mismo amor. Con mi viejo biológico recién ahora me estoy conociendo y con mi ‘viejo del corazón’, que para mí es mi viejo porque estuvo siempre, me llevo bárbaro. Y es re loco porque cuando festejamos un cumpleaños nos juntamos todos”, cuenta Sabrina, la hija de Bety y Luis, hermana de Juan Cruz (y siguen las firmas). La diversidad es la nota distintiva de las familias de hoy. Las hay monoparentales, ensambladas (también llamadas recasadas, mixtas o reconstituidas, que son aquellas en las que uno o los dos cónyuges provienen de uniones anteriores y los hijos preceden a la pareja o son frutos de ésta), con un solo hijo (por lo costoso que resulta mantenerlos), binucleares, uniones de hecho, parejas del mismo sexo, etcétera.
* Aparecido en Conexiones, Clarín WEB del 28/07/2005.

lunes, 7 de mayo de 2007

La Familia Argentina: pasado, presente y futuro

Lic. Eduardo H. Cazabat

Artículo publicado en Cuadernos de Terapia Familiar, Año XII, II Época, Nº 38, primavera-verano de 1998

RESUMEN

En este artículo se realiza una breve síntesis histórico-social de la conformación de la familia argentina, desde la conquista española a la actualidad y de las diferentes corrientes migratorias que aportaron a este proceso. Se detalla someramente la realidad económica y social actual, como marco en el cual vive la familia argentina. Se describen los principales fenómenos que se verifican en la dinámica familiar, provocados o condicionados por la esta realidad socio cultural de fin del milenio.

INTRODUCCIÓN

Un análisis sistémico de la Familia Argentina nos lleva casi obligadamente a hacer un recorrido histórico. Para poder comprender su conformación actual, en un país poblado principalmente por descendientes de inmigrantes, se hace necesario conocer su evolución histórica, sus orígenes y fuentes, el origen de sus componentes y cómo ellos y sus costumbres fueron fundiéndose y transformándose a lo largo del tiempo hasta llegar a ser lo que es hoy.

Asimismo, se hace imprescindible pintar un somero panorama de la realidad actual, económica y social, el marco en el cual se desarrolla la vida diaria de la familia argentina.

LA CONFORMACIÓN HISTÓRICA DE LA FAMILIA ARGENTINA

Los primeros antecedentes de la actual Familia Argentina, podemos encontrarlos a principios del siglo XVI, con la conquista española. Las corrientes colonizadoras, formadas casi exclusivamente por hombres procedentes de clases desposeídas de España, que, al establecerse, se vieron obligados a unirse con las mujeres aborígenes. Este fue el nacimiento de los criollos, hijos de españoles y aborígenes. El sistema cerrado impuesto por la corona española determinó que al menos hasta el siglo XIX, esta fuera la composición étnica predominante. Aun con la independencia Argentina de España (1816) la composición social no cambió mucho.

Con el advenimiento de la 2ª revolución industrial europea y las convulsiones sociales que la sucedieron a mediados del siglo pasado, se desencadenó una ola inmigratoria muy numerosa. Así fue que Argentina, país extraordinariamente extenso (3 millones de km2) y desolado, recibió inmigrantes que, ya sea buscando trabajo y oportunidades, ya sea escapando de la represión de la Comuna de París y otros movimientos revolucionarios transformaron el panorama social. Nuevas oleadas de españoles (entre los que predominaban los vascos y gallegos), italianos, franceses, alemanes, judíos de Europa central y oriental que huían de los progroms , rusos, ucranianos, sirio-libaneses, la mayoría de los cuales fueron a vivir a las ciudades conformaron una gran caldera donde se mezclaron diferentes culturas y costumbres.

Así pues, el peso de la inmigración europea, y el exterminio emprendido en la guerra por ganar tierras a los indios (la llamada Conquista del Desierto, 1877), dejó en un segundo a plano a la población aborigen, en número y en importancia cultural.

Ya durante este siglo, la población argentina se nutrió de armenios escapados del genocidio, japoneses, italianos, españoles exiliados por causa de la Guerra Civil, judíos escapados de la Segunda Guerra Mundial, etc. También hay un aporte permanente de los países vecinos (Chile, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Perú) que también vienen en busca de oportunidades de trabajo.

Pese a toda esta inmensa masa humana, el campo y el interior del país continuaron prácticamente despoblados, pues la inmensa mayoría fue a recalar en las ciudades, particularmente Buenos Aires (que actualmente concentra 13.000.000 de habitantes, equivalente a más de la 3ª parte de la población del país).

Por lo tanto, la Familia Argentina, tiene una relativamente corta historia. Pocos son los que pueden contar más de 3 o 4 generaciones en el país. Casi todos los argentinos tenemos una mezcla de abuelos o bisabuelos de las mas diversas nacionalidades, con historias familiares que se han ido perdiendo. Algunas de estas comunidades se han integrado y dispersado en esta caldera social, otras han tratado de conservar su identidad,(como los judíos, los gitanos, etc.) manteniéndose relativamente cerradas, propiciando los casamientos dentro de la propia comunidad, y hasta instalándose masivamente en determinados barrios o pueblos.

En los últimos años, se ha agregado la inmigración de los países de Asia (principalmente coreanos y chinos) comunidades especialmente cerradas como consecuencia de su distancia cultural y las dificultades idiomáticas, pero éste es un fenómeno relativamente nuevo en términos históricos como para analizar el impacto social.

En suma, un viejo dicho popular sintetiza claramente esta realidad: “los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos descienden de los incas, los argentinos descienden de los barcos”.

LA HISTORIA SOCIAL RECIENTE

Como veníamos viendo, la Argentina fue tradicionalmente un país receptor de migración. Pero en las últimas décadas, como resultado de regímenes militares extraordinariamente represivos, y de políticas económicas que destruyeron fuentes de trabajo, la Argentina se convirtió en país emisor de emigrantes. Es así que hoy se pueden encontrar colonias de argentinos en muchos países del mundo, principalmente en España, México y Estados Unidos. Luego del retorno de la democracia en 1983, muchos volvieron al país, con hijos "extranjeros" (en Argentina rige el "ius solis", es decir que la condición de argentino se adquiere por el hecho de haber nacido en territorio argentino), habiendo incorporado costumbres, pensamientos y perspectivas nuevas, y fundamentalmente revalorizando las raíces históricas y sociales de sus antepasados.

La última dictadura militar (1976-1983) fue particularmente sangrienta, y dejó un saldo de entre 10.000 y 30.000 "desaparecidos". Esa herida en la sociedad argentina que aún sigue abierta por la falta de castigo a los responsables, tiene un fuerte impacto emocional, además de haber diezmado a toda una generación (los que hoy cuentan entre 40 y 55 años).

LA SITUACIÓN SOCIAL ACTUAL: EL ESCENARIO DONDE VIVE LA FAMILIA ARGENTINA

En las últimas décadas, por imperio de las políticas neoliberales predominantes, el panorama económico y social tradicional ha cambiado drásticamente en la sociedad argentina.
Los recortes de gastos del estado han llevado a un deterioro notable en muchos aspectos de la vida cotidiana. El estado, que anteriormente regulaba, y regía muchos de los aspectos de la vida social, se ha ido retirando progresivamente, dejando desprotegida en más de un sentido a la familia argentina

En cuanto al trabajo, la pauperización de sectores cada vez más grandes de la población (un tercio de la población vive bajo los índices de pobreza), el desempleo (que actualmente se ubica en un 14%), el sobreempleo (gente que debe trabajar de 10 a 12 horas al día, los 7 días de la semana), los salarios bajísimos, impactan fuertemente en la familia argentina y en su dinámica. Los miembros de algunas familias rara vez pueden compartir una comida, o una salida de fin de semana, porque alguno de los integrantes está siempre trabajando. Las clases medias, que predominaban ampliamente en el espectro social, han ido reduciéndose.

Con respecto a la educación, la Argentina siempre fue un país que se preció por sus altísimos índices de alfabetización, gracias a una política de gratuidad y universalidad de la enseñanza. Sin embargo, la calidad de la educación ha ido deteriorándose, junto con el aumento de la deserción escolar. Perpetuando el círculo, esto da como resultado mano de obra menos calificada, con salarios más bajos, y que no puede darle la educación adecuada a sus hijos. Como contracara de esta moneda, muchos universitarios se ven imposibilitados de ejercer su profesión, debiendo aceptar puestos de trabajo muy por debajo de su capacidad. Es obvio decir que esta situación de frustración se transmite a toda la familia, de tal manera que, muchos argentinos, tradicionalmente orgullosos hasta la soberbia de su propia condición, hoy piensan cómo emigrar, soñando con un paraíso perdido difícilmente recuperable.
Los hospitales públicos y gratuitos, que tradicionalmente fueron escuela de buena medicina, hoy se encuentran con bajos presupuestos, sin poder atender la demanda de los sectores más necesitados, que sin poder pagar la medicina privada, quedan prácticamente librados a su suerte. Así, un tema que históricamente se hallaba bien resuelto, hoy pasa a ser prioritario en cualquier familia de recursos medianos a escasos.

La situación de la ancianidad no es la excepción, y los ancianos viven un estado de desprotección y abandono. Habiendo perdido su ubicación otrora predominante en el mapa familiar, se han transformado en una carga social, y su destino final es el de terminar internados en un geriátrico.

La inseguridad y los índices delictivos crecen, y a la par crecen los servicios privados de seguridad. Los menores de edad participan crecientemente de este fenómeno a la vez como víctimas y victimarios.

Muy sintéticamente, este es el ambiente, difícil y hostil en el que la familia argentina debe desenvolver su vida cotidiana.

LA FAMILIA ARGENTINA DE HOY

Luego de estas consideraciones, llegamos entonces a la siguiente pregunta: De qué familia hablamos? Es difícil hablar de una sola familia argentina, pensar que una familia rica, que vive en un barrio cerrado con custodia, que envía sus hijos a un colegio inglés pueda tener mucho en común con otra familia que, a pocos metros, al otro lado de la autopista vive en una villa de emergencia, en una casa precaria de madera, en la que se hacinan en una sola habitación 10 personas, con hijos que deben ir a trabajar desde pequeños. O con aquella otra que vive en una pequeña ciudad de provincia, con escasos recursos culturales, y una estructura casi feudal. La polarización cultural que podemos encontrar casi en todos los países entre las grandes ciudades y el interior, en Argentina se ve remarcada por el peso económico, cultural, y demográfico de Buenos Aires. Por lo tanto esta descripción esta contaminada por ser el autor originario de Buenos Aires y será materia opinable.

Todos los antecedentes y hechos descriptos precedentemente condicionan fuertemente a la familia argentina. El desempleo ha determinado un cambio en la estructura de muchas familias. En muchos casos, el hombre, desempleado, ve desdibujado su papel en la familia, y cae en el alcoholismo y la violencia. Por otro lado, la mujer, que más frecuentemente encuentra trabajo en el área de servicios (doméstica, vendedora, etc.) es quien aporta ahora el dinero al hogar, produciendo una redistribución de las relaciones internas, y generando conflictos, especialmente en las clases más bajas, tradicionalmente más machistas.

Como fenómeno relativamente nuevo en Argentina, el consumo de alcohol y drogas en cada vez más amplios sectores de la juventud se va generalizando, siendo causa y consecuencia a la vez del deterioro social.

También debido a la liberalización de las costumbres, a la movilidad social y a la incorporación de la mujer al mercado laboral, lo que redunda en un aumento de su autonomía y capacidad de decisión, se puede verificar un aumento muy importante de las familias uniparentales, en las que la crianza de los niños pasa a estar a cargo de una empleada, del jardín maternal o de la abuela, mientras la madre trabaja.

Como consecuencia también del aumento de la autonomía, y de la capacidad económica femenina, así como la aceptación social de nuevas relaciones, formalizada en la ley de divorcio, continúa en aumento el número de las familias ensambladas, en las que es increíblemente difícil trazar un genograma del grupo familiar. Consecuentemente, el concepto de familia extensa se va haciendo poco operativo y difuso. Las fronteras de las familias y subsistemas son difíciles de trazar.

CONCLUSIÓN

Resulta difícil poder transmitir una "fotografía" de la familia en tiempos de cambios tan vertiginosos. La lente de la globalización hace dificultoso discernir hasta qué punto un proceso es característico de un país, o es parte de toda una corriente mundial, y en tal caso, cómo debería encararse. Lo que resulta claro es que el fin del milenio trae aparejados ciertos males sociales que hacen fuerte impacto en la familia. Como terapeutas familiares, quizás podamos aportar un pequeño grano de arena para que las familias puedan resistir de la manera más saludable posible este embate que está más allá de nuestras posibilidades como tales.

jueves, 3 de mayo de 2007

Clase Media... E. Anguita.

Clase media: seducida y abandonada

Eduardo Anguita

Licenciado en comunicación {UBA}. Docente y periodista universitario, ha publicado varios libros referidos a la historia argentina reciente.

En las tres últimas décadas, en la Argentina se redistribuyó el ingreso de manera bruta a favor de los sectores más poderosos, provocando la pauperización de gran parte de nuestra sociedad. Un grupo social hasta entonces paradigmático y distintivo de nuestro pais, la clase media, sufrió –y sufre– especialmente este proceso. En una investigación de Alberto Minujin y Eduardo Anguita recientemente publicada por Edhasa (La clase media: seducida y abandonada) se analiza esta transformación de la clase media –no sólo vista como víctima, sino también como victimaria– y su relación con los sueños y esperanzas de cara al futuro.


A partir de la crisis de diciembre de 2001, la mayoría de los analistas e investigadores sociales consideran que ese fue un momento bisagra en la historia argentina. Algunos centraron su observación en las formas institucionales, otros en la corrupción política, otros en la dependencia financiera o en la seguridad.

El antes y el después tiene que ver con algo más profundo y complejo: los modelos de concentración económica que acompañan la globalización de los negocios y el agresivo proceso de exclusión social que constituyen su principal emergente. En el caso argentino, para entender los niveles de pobreza de la actualidad es preciso contrastar cómo fue la parábola que arrancó a mediados de 1975, con la crisis desatada por el Rodrigazo –en el momento de mayor auge de las clases medias– y una caída sostenida de los ingresos de los sectores medios y populares hasta su precipitada caída hacia fines de 2001.

Hasta mediados de los setenta del siglo pasado, la clase media argentina se caracterizó por mantener niveles de ingreso y de calidad de vida muy por encima de lo que registraban otras capas medias en los países periféricos. Sin embargo, el fin de la guerra fría y la descomunal concentración de la riqueza y el poder a escala mundial dejaron a la Argentina sin sus históricas ventajas comparativas. Aunque los países más poderosos no tenían motivos para otorgar un trato privilegiado al país, la clase media reprodujo valores propios del consumismo, al tiempo que se desgajaban sectores la exclusión. Este proceso fraccionó y diferenció socialmente a quienes poco antes fueron pares. Arquitectos manejando taxis, patricios de dos apellidos al frente de una pizzería, señoras elegantes que hacían tortas para vender en las panaderías, fueron moneda corriente en los últimos años. Su ingenio no les alcanzó para mantener los lugares de prestigio social.

Concretamente, la emergencia de los nuevos pobres constituyó la antesala del escenario actual. La clase media no tiene trabajo, la asaltan en el tren o el coche, recurre al ingenio para comer con menos plata. No es observadora, sino protagonista. La convulsión coloca a la clase media en una ambigüedad extrema. Conductas de rechazo a la corrupción y a la concentración de la riqueza, de adhesión a la protesta y la participación social, conviven con sensaciones de desesperación y de obsesión ante los propios problemas, el miedo al futuro, la búsqueda de alternativas fuera del país, la falta de iniciativa y hasta la parálisis. Esta gama de conductas y sensaciones no necesariamente divide a las personas, sino que más bien convive en cada uno, de manera contradictoria, con un alto costo emocional y provocando altísimos niveles de desequilibrios emocionales y psicológicos.

La crisis que estremeció al país a fines de 2001 creará transformaciones que, probablemente, hagan imposible un nuevo resurgimiento de los sectores medios en los términos que le dieron la vitalidad política y cultural de sus años dorados –los cincuenta y sesenta–; ni siquiera en los altos niveles de consumo que conocieron algunos reducidos sectores de la clase media beneficiada con el sistema de estabilidad monetaria y cambiaria de los noventa.

El trabajo de investigación que hicimos juntos Alberto Minujin y yo analiza la caída y también imagina escenarios futuros no sólo respecto de las nuevas inserciones laborales posibles en el marco de las diferentes alternativas económicas, sino también sobre cómo operan los estados de ánimo, los valores morales y las creencias ante una realidad en la que el sistema político de representación muestra signos agudos de agotamiento. La implosión del sistema institucional y financiero –en un plano macro– sorprendió a la ciudadanía tanto por los grados de arbitrariedad del poder como por los de la propia reacción social, mientras que –en un plano micro– llevaron a vivir al día, a no poder prever ni planificar los escenarios próximos.

La caída de los niveles de vida de los sectores medios ha generado algunos fenómenos que la dirigencia política parece negarse a analizar cuando, paradójicamente, la mayoría de los líderes políticos dicen ser expresión genuina o tratan de seducir su voto para las contiendas electorales. La realidad es que apenas un diez por ciento de la población argentina puede sentir que sus estándares de consumo y patrones de vida están en los registros de clase media. El resto se debate en una gama que va entre la vulnerabilidad social o la pertenencia a esa categoría ambigua constituida por grupos sociales con pasado clasemediero e ingresos de empleado provisorio y flexibilizado.

La falta de representación y participación en la vida social y política crea distorsiones muy fuertes acerca de quiénes se atribuyen ser la “voz” y la “conciencia” de la clase media. Los medios de comunicación, los familiares de las víctimas de secuestros y los políticos compiten por ampliar sus bases de simpatías. Pero todos ellos logran apenas adhesiones emocionales o ideológicas.

Lo que no tiene visibilidad es lo más profundo: la caída no se detuvo y la falta de un “piso” provoca una sensación de deslizamiento que dan por resultado una suerte de “pobreza de futuro” en la cual conviven estímulos y reconocimientos sociales que no están al alcance de los sectores medios. La educación privada, la medicina prepaga, los barrios cerrados, los automóviles nuevos, las marcas de ropa o los destinos turísticos bonitos están al alcance de la mayoría por el bombardeo publicitario constante mientras que la solución a los problemas cotidianos está fuera del diálogo mediático. Amplios sectores de la sociedad apelan desde hace años a la creatividad para resolver los problemas más acuciantes: la reducción de gastos, compartir la vivienda o el coche, usar teléfono con tarjeta, turnarse para sacar turnos en el hospital público. La lucha en el marco de las formas de expresión populares –asambleas populares y movimientos de desobediencia civil– comenzó a ser una alternativa entusiasta que compite con otras a las que se sienten empujados muchos desposeídos: la resignación y el abandono, o directamente el robo y la delincuencia. Resulta visible que haberse empobrecido ya no es un sentimiento vergonzante de autoexclusión como era lo dominante en la década de los noventa y que marcaba una manera de resignación; por el contrario, a falta de plata, se convirtió en moneda corriente hablar de las desgracias y las pérdidas. Este rasgo de la conducta cotidiana expresa una temprana forma de adaptación y de rechazo a las nuevas condiciones. En ese sentido, los últimos años dieron cabida a un intenso debate ideológico sobre identidades y formas de organización en los cuales ser de clase media o ser de origen obrero y popular pasa a ser una contradicción secundaria. Muchos sectores medios han aceptado la creatividad de los obreros que recuperan sus fuentes de trabajo en esto que ha dado en llamarse “empresas recuperadas” y a través de las cuales se han creado comedores, bibliotecas, grupos culturales o artísticos.

Rock de los jóvenes Vulnerables.

Rock de los jóvenes vulnerables

Aldo Isuani – Daniel Filmus

Un politólogo (Isuani) y un sociólogo (Filmus) dialogan sobre la sombría realidad de los jóvenes de los 90, cada vez más condicionados para incluirse en la sociedad, con una educación devaluada y un mercado laboral que pide mucho y da poco.


Cada vez más, los jóvenes de bajos recursos en condiciones de ingresar al mercado laboral sienten que entran, en verdad, al reino de la imposibilidad. La evolución de la oferta de trabajo en las últimas décadas tiende a concentrarse en quienes manejan un alto nivel de especialización y condena al resto a flotar entre el desempleo o la paga irrisoria. El politólogo Aldo Isuani planteó esta encrucijada; el sociólogo Daniel Filmus advirtió sobre la amplitud de la franja de vulnerabilidad ante la exclusión. Filmus planteó la revalorización de algunos instrumentos que podrían allanar el camino a los jóvenes. Si Isuani encuentra fallas estructurales en modelos políticos que también impregnan a la sociedad, Filmus consideró que, de cualquier forma, la escuela sigue siendo la clave. Pero apunta que el ámbito educativo requiere cambios urgentes para cubrir una brecha. El desfase está dado porque mientras los alumnos sintonizan con el ritmo del video-clip o del zapping, las escuelas “todavía no han superado la velocidad del Winco”.

-¿Qué cambios vienen enfrentando los jóvenes, en la Argentina, en este fin de siglo?

Filmus: Históricamente, la Argentina estaba acostumbrada a la movilidad social ascendente: era tradicional que los jóvenes se proyectaran para superar la situación de sus padres, aún si eran humildes sus expectativas eran de estudio y de mejor integración con la sociedad. La generación de los últimos años ya no tiene esas certezas. Están ante un futuro en el cual el trabajo es incierto. Muchos jóvenes sienten que están viviendo en un mundo de engaño; reciben promesas que no se corresponden con la práctica. Es el fin del optimismo y, por lo tanto, llega la vulnerabilidad. ¿Habrá espacio para estos jóvenes del futuro? El crecimiento económico de la década del noventa no abrió más lugares de trabajo ni situaciones de bienestar para muchos sectores de la población.

Isuani: Hablando sobre los problemas del presente y del futuro, un joven me dijo: “La verdad es que yo admiro a su generación, de los sesenta. Porque fueron rebeldes. En cambio nosotros tenemos que cuidarnos hasta para hacer el amor”, Me golpeó esa reflexión. Es verdad, si uno estudiaba tenía posibilidad de conseguir trabajo profesional; si no estudiaba, siempre algo conseguía. Estamos en un proceso inverso; se acabaron las promesas y lo grave es que no hay una utopía, no hay un mundo al cual aspirar y soñar. Todo se ve negro. Es el mundo del “no se puede”.

-Ese “no se puede”, ¿tienen que asumirlo todos los jóvenes?

Isuani: Es que hay un cambio fundamental en el eje de la estructura productiva, que demanda un componente muy alto del conocimiento para ingresar al sector moderno de la economía. Y las diferencias entre bajos y altos ingresos son cada vez más abismales. La tasa de desempleo de los jóvenes de 15 a 24 años del sector más pobre de la población es del 45 por ciento en la Argentina. En cambio, en el sector de mayores ingresos los jóvenes sólo llegan al 7 por ciento de desocupación. Pero no necesariamente los jóvenes de mayores ingresos están haciendo lo que quieren hacer; pueden estar trabajando en cosas para las que están sobrecalificados. Han conseguido trabajo desplazando a otros que están calificados para un trabajo menor, en un peldaño más abajo en la escala laboral. Aquellos con menor calificación y con menos ingresos terminan en el fondo de la fosa.

Filmus: Los jóvenes son las víctimas del modelo social que estamos ofreciendo, pero tampoco se puede deducir que éste sería el único método posible que no tiene más remedio como el caso de la anomia de ser asesinos o robar, caer en la violencia. Por eso yo insisto en que es importante la educación que no sólo brinda condiciones de empleabilidad sino que también brinda condiciones de convivencia democrática.

Isuani: Para mí tiene más incidencia la dinámica del sistema productivo. No niego el aporte que pueda hacer la educación, y los cambios que requiere. Pero, si todos se gradúan en la universidad, esto no significa que se resuelva el tema del desempleo. Va a haber universitarios desempleados. Si mañana nos despertamos y hay dos millones de nuevos puestos de trabajo, vamos a trabajar todos aunque no tengamos primaria completa. Entonces, una cosa es el sistema productivo, otra cosa es el aporte que pueda hacer la educación.

-La educación, ¿puede neutralizar la diferencia marcada por los distintos niveles socioeconómicos?

Filmus: Hay una falacia respecto de la promesa que es la educación. El problema es que la educación no modifica sustancialmente el mercado de trabajo. El mercado de trabajo tiene reglas autónomas. Si todo el mundo se educa más, lo que se va a dar es lo que planteaba Aldo recién: el “efecto fila”. Son colocados primeros en la fila de buscadores de trabajo los que tienen más educación, últimos los que tienen menos educación. Significa que si uno tiene muchos más jóvenes que se educan, puede pedir los jóvenes con escuela media para ser cadete, es lo que está pasando. Pero no es que necesite escuela media para ser cadete, sino que lo pueden pedir porque tiene una oferta mayor. En el fondo de la fila van quedando los que tienen menor educación. En un país donde la mitad de los jóvenes no terminan la escuela media, se discrimina a los que tienen un componente económico más bajo. Esto quiere decir que muchas veces lo que hace la educación es legitimar la diferencia social.

-¿La vulnerabilidad es mucho mayor en los humildes o en los jóvenes de clase media baja?

Filmus: El riesgo de vulnerabilidad o de marginación es ahora muchísimo más alto para el que no estudia que para el que no había estudiado hace 20 años, donde siempre tenía un espacio. En el fin de la década del 90 para esa gente no hay lugar posible. Ahora, tiene más que ver con la educación, pero más que nada con la cuestión socioeconómica, está condicionada por situaciones de origen. De ahí la manifestación de violencia de los jóvenes, en una sociedad que cierra todas las puertas.

-Puede darse que, quien sabe competir mejor, aunque no tenga más preparación, consigue el trabajo que otros no consiguen.

Filmus: Sí: ahora la responsabilidad es individual. Lo cual genera un nivel de competitividad donde el enemigo pasa a ser el de al lado, uno de los dos se tiene que salvar cuando no hay lugar para todos, tiene que agarrar el salvavidas. En este sentido genera un criterio de que todos tienen que correr cada vez más rápido para estar en el mismo lugar. Una carrera contra los otros: ésta es una imagen que ha dado Susana Torrado: una carrera, donde hay cada vez menos carriles.

-En la crisis del fin de siglo, ¿se amplía la vulnerabilidad?

Filmus: En buena parte y según lo plantea Alberto Minujin, que trabaja el tema en UNICEF, se amplía y profundiza la franja de vulnerabilidad. Es gente que estuvo integrada y que ahora sus hijos van en vías de la desintegración. Desde esta perspectiva, el que está siendo marginado expresa su violencia contra toda la sociedad; el obrero contra el patrón, el patrón con otro patrón. Cada uno tiene un adversario. Uno se pregunta: ¿Qué lugar ocupa la patota? Ocupa el lugar de integración social en momentos en que los grupos de pertenencia no funcionan. Las patotas se producen entre los grupos marginados, por un proceso que estudió Aldo de la anomia. A este sector le da lo mismo tirar un obrero desde el tren, matar a un chico por sus zapatillas, porque realmente siente que toda la sociedad lo está marginando.

-La desorientación, ¿genera el fenómeno de anomia?

Isuani: Surge un cambio brutal en estos años porque la acción colectiva ya no tiene lugar. Pero la anomia se refiere fundamentalmente a la ausencia de reglas, a la desorganización. La sociedad vive en una etapa de transición, y el nuevo orden todavía no tiene solidez, genera confusión. Esta falta de orden aleja cada vez más a los “incluidos” de los “excluidos”. Los excluidos, si están cerca del bolsillo de un incluido, pueden tentarse a sacarle la billetera; una “redistribución”, obviamente resentida, del ingreso. Comienza a gestarse que los incluidos asuman una postura crecientemente dura y distante de los excluidos.

-La inclusión no siempre es duradera; ¿la vulnerabilidad se extiende, se profundiza?

Filmus: El tema de la vulnerabilidad tiene que ver con la cuestión social. Pero estamos en la inclusión-exclusión; hay un alto nivel de incertidumbre en la sociedad. Ante la tendencia de marginación muy fuerte, hay una franja de gente que está en el límite entre uno y otro. La vulnerabilidad es la posibilidad de no reunir las condiciones de capacidad y origen socioeconómico como para asegurar la inclusión. Por supuesto, se profundiza el riesgo de un sector vulnerable cuyas posibilidades de pasar en cualquier momento a la cuestión de la pobreza son bastante posibles.

-¿Por ellos o por la escuela?

Filmus: Por la escuela. El sistema educativo transmite una educación de muy baja calidad. Hay como una suerte de engaño; los chicos tienen más años de escuela, más sacrificio, menos conocimiento. La educación es tanto o más importante que antes. Antes era como un trampolín que te permitía ascender a un nivel social más alto; ahora siguen estudiando, van a la escuela y a la universidad muchísimos jóvenes porque la educación se transformó como en un paracaídas. En la sociedad todos bajan; cuanto más educación tienen bajan más lentamente; pueden pelear mejor contra esa creciente tendencia a la marginalidad.

Isuani: También considero primordial a la educación, pero hay un dato importante: del sector más pobre, un 25 por ciento de los jóvenes, ni estudian ni trabajan, no tienen condiciones para trabajar. Y además la sociedad los incita a través de los medios masivos a un consumo al que no tienen ni van a tener acceso.

Filmus: La escuela no es una campana de cristal. Y hay un propio malestar económico escolar; la escuela media principalmente no responde a las demandas de las necesidades que tienen los chicos; no contesta a las preguntas que plantean todos los días, no genera las condiciones del placer por el aprendizaje que hace que los chicos vayan y se sientan contenidos. La velocidad con que se mueve la escuela es distinta; fuera de la escuela, los chicos se mueven a la velocidad del video-clip, del zapping. Y la escuela es como “el Winco”. La escuela no es apta a las transformaciones y eso es un choque.

-De todas maneras usted coincide en que la concentración del mercado de trabajo trae a los jóvenes la falta de expectativas.

Filmus: Entiendo que muy a menudo un médico va a desalojar a un visitador médico, un arquitecto a un dibujante, un contador a un administrativo. Desaloja a otro, pero no consigue lo que quiere. Tiene que seguir estudiando: si bastaba un título universitario, hoy hace falta tener un posgrado. Y si todos tenemos posgrado, hace falta tener un posgrado en el extranjero. Si no, hace falta un papá con la misma profesión y nos delegue una parte de su trabajo. Cada vez se necesitan menos personas en los puestos de alta calificación; se distribuye el trabajo en una forma sumamente antidemocrática. Esto es un elemento clave, no es que las nuevas tecnologías demanden menos personas.

-¿Qué formas de resolución sugiere?

Filmus: Políticos o empresarios deciden echar gente; podrían distribuir más democráticamente el trabajo y esa sería una manera de procesar los nuevos cambios tecnológicos. Sobre el fin de la década hay menos equidad. Por un nivel de competitividad productivo se pospone la igualdad. Y los jóvenes si no encuentran caminos para ingresar no se van a quedar de brazos cruzados. Van a buscar otra forma, y muchas veces tiene que ver con la violencia urbana que estamos viviendo. Se enfrentan ante un mundo que les cierra cada vez más las puertas.

Isuani: Algo de la época de las utopías desapareció; no se escucha la palabra “proyecto” entre los jóvenes, Antes, el proyecto era sobre un mundo previsible; ahora es casi existencialista. Si hay algún proyecto, es a cortísimo plazo.

Aparecido en: Clarín, Domingo 04 de julio de 1999

Nuestros padres.


Lo que tú quieras oir.

Sofía entra a su casa, con el dibujo de su hijo en la mano.

Escucha el contestador automático...

y decide qué va a oir.

(Tarda un poquito en comenzar)

Aporte de Patricia Mendy

Lo que los niños miran...eso hacen.

¡Gracias Romina!

Familias ensambladas.

Los terapeutas Antonio Laurito y María prejuicios y mitos en torno a las segundas parejas que comparten la crianza de los hijos:

"Los tuyos, los míos y los nuestros". El aumento mundial del número de
divorcios trajo consigo el concepto de familia ensamblada, mixta o
reconstituida, compuesta por una pareja, de los cuales uno o ambos miembros
tienen hijos de uniones anteriores. Dentro de ella entran tanto las segundas
parejas de viudos/as, divorciados/as y las madres solteras. La noción de
familia y pareja se ha ido modificando con el paso del tiempo, y el número
de familias ensambladas iguala o supera a las de origen. Lo que antes era
habitual, ahora es una rareza. Las personas cambian de trabajo, de
profesión, se mudan varias veces a lo largo de su vida, y no necesariamente
se unen "hasta que la muerte los separe".

Lo que distingue a la familia ensamblada es la presencia de hijos desde el comienzo mismo de la relación de pareja. Es una configuración familiar no tradicional que cada vez tiene mayor difusión en nuestra sociedad y en el mundo occidental.

¿Cuáles son los ciclos vitales y prejuicios que giran en torno a las
familias ensambladas? Tanto las familias ensambladas y constituidas a partir
de parejas legalmente casadas como las unidas de hecho, se encuentran
sometidas a las mismas tensiones y desafíos. En su seno convergen problemas
psicológicos, sociales, jurídicos y educativos, donde los hijos
inevitablemente se encuentran en el medio de la escena. La consolidación del
vínculo de pareja es la base de estas familias.

"Cada vez son más los niños que nacen en familias con estas características,
donde no existen modelos previos, por eso es que necesitan algún tipo de
orientación. Muchas veces se constituye una nueva familia con la idea de la
original, sin embargo, en esta nueva unión se genera un marco diferente",
resalta Diehl.

Las familias ensambladas son exitosas cuando alcanzan la estabilidad. Con
tiempo y esfuerzo, sus miembros aprenden a ser tolerantes, flexibles y
creativos, conviviendo con las diferencias. Los chicos tienen en el hogar
ensamblado un modelo de pareja que se ama, que contiene al grupo familiar y
se encuentra feliz con esta segunda oportunidad.

"Muchas veces el conflicto se agudiza cuando los hijos son adolescentes. Es un momento difícil en el que el chico trata de separarse de sus padres, poner distancia y reafirmar su identidad. Es preciso establecer reglas claras y ser tolerantes", afirma Laurito, quien remarca la diferencia con los niños menores de diez años, ya que se adaptan mejor y requieren de poco tiempo para lograr un ensamble exitoso.



CARACTERÍSTICAS SOBRESALIENTES
La mayoría de las familias ensambladas nacen de una pérdida, esto
significa que todos los integrantes del nuevo grupo familiar deben a
adaptarse a los cambios luego de una relación familiar primaria. Los adultos
deberán reponerse, y los chicos, entre otras cosas, renunciar a su fantasía
de reunir a sus padres nuevamente.
Los ciclos individuales, maritales y familiares son incongruentes. Una
pareja comienza su relación mientras el hijo de uno de ellos es adolescente,
o bien una persona sin hijos se encuentra repentinamente a cargo de un niño
o adolescente.
Las relaciones padre-hijo preceden a las de la pareja, y al principio, los
vínculos con los hijos son más intensos que con la nueva pareja. Esto genera
frecuentemente conflictos de lealtades. Para quien se muda a la casa del
otro, los sentimientos de exclusión y soledad son casi inevitables al
comienzo.
Existe un padre o una madre actualmente presente o en el recuerdo, que a
pesar de haber concluido el vínculo como pareja, la nueva familia deberá
convivir con la presencia (real o virtual) de un ex-marido o una ex-mujer.

En el caso de divorciados hay que conciliar las necesidades de la pareja
actual con las de la ex-pareja, lo cual muchas veces implica contactos y
negociaciones. Es necesario compatibilizar dos hogares, con escalas de
valores y hábitos de vida diferentes. Es importante que todos los
integrantes entiendan que las reglas no son mejores ni peores.
Al duplicarse la familia, mayor será la cantidad de interacciones a
ensamblar, incluso relaciones de parentesco que no tienen nombre. Abuelos,
tíos y primos nuevos que deberán conocerse y eventualmente definir algún
tipo de vinculación. El divorciado con hijos no sólo tiene un ex -cónyuge,
sino también una ex- familia política. Pero cuando forma nuevamente un
hogar, entra en escena otra nueva.


ALGUNOS MITOS A DESTERRAR
Las expectativas pueden resultar frustrantes cuando se piensa que esta nueva
relación será igual a la anterior. Cada familia es una microcultura que
proviene de otra, y que requiere de un tiempo de adaptación con respecto a
las costumbres y el lenguaje. "Es como un inmigrante que reside en otro
país", ejemplificó Diehl.
Pensar que las familias ensambladas provenientes de una viudez son más
fáciles de adaptar, es otro de los mitos. Esta realidad genera otro tipo de
situaciones debido a la ausencia y el recuerdo de uno de los progenitores.

Un pensamiento que también resuena en los consultorios es "si me quiere a
mí, también va a tener que querer a mis hijos". Por sentirse enamorados, el
cónyuge enseguida supone que tendrá una buena relación con los hijos de la
pareja, y esto no sucede de un día para el otro. Los cambios deben ser
paulatinos, y llevan mucho más tiempo que en una familia primaria. La pareja
debe establecer un vínculo sólido para llevar adelante una familia
ensamblada y generar jerarquía para estipular límites, hábitos y todo lo que
implica un nuevo hogar.
Otras veces las confrontaciones surgen ante dispares expectativas de la
pareja. Un hombre cuyos hijos viven con la ex esposa, se casa o convive con
una chica soltera diez años menor y sin hijos. La urgencia de esta mujer por
procrear puede entrar en colisión con la necesidad de su pareja de sentirse
aliviado porque ya crió a sus hijos, además de la complejidad que significa
para sus hijos aceptar no sólo a su pareja sino a un nuevo hermanito.

La consolidación del vínculo de pareja es la base de una familia ensamblada.
Tanto el padre como la madre deberán buscar espacios particulares con cada
uno de los integrantes de la familia, con la finalidad de beneficiar la
relación individual. "Un vínculo con un hijo que no es propio se construye
con mucho esfuerzo y tolerancia", remarcan finalmente los terapeutas.

Más información: www.familiassiglo21.org.ar y www.familiasyparejas.com.ar
Paulina Schmidt

Paulina Schmidt
Copyright 2003 LaCapital.com.ar
Un aporte de Alicia Piccardi

miércoles, 2 de mayo de 2007

Características de la Globalización.

GLOBALIZACIÓN- CARACTERÍSTICAS
Transformaciones en el plano : Político – Económico – Socio-cultural

Metáforas: Aldea global- Shopping center global –Economía mundo – Macdonalización de la escuela- Fábrica global – Nueva Babel

SOCIEDAD DE CONSUMO CAPITALISTA – NEOLIBERAL

MODERNIDAD - POSMODERNIDAD


Concentración de las fuentes de recursos materiales

(capital y propiedad - BIENES).


      DESINDUSTRIALIZACIÓN

      Revolución científico tecnología de información.

      VELOCIDAD DEL AQUÍ Y AHORA

      Cese de políticas estatales reguladoras y/o proteccionistas.

      desregulación flexibilización , liberación de los mercados “modernidad líquida “

      Notorio aumento del comercio internacional.

      Expansión de los mercados financieros.

      Privatización de las empresas estatales.

      Búsqueda permanente de la ventaja comparativa y de la competitividad EXCLUSIÓN

      posmodernidad .modernidad tardía- líquida - sobremodernidad

      era del cambio y del movimiento perpetuo

      impera lo flexible , lo fluctuante


      SITUACIÓN SOCIAL

      El nuevo macrocosmos humano es el mercado.

      Grandes brechas de desigualdad social (pobres – ricos).

      Aparición de elevadas tasas de desempleo.

      Desaparición de la clase media.

      Pobreza estructural NUP – SIN.

      Poblaciones “superfluas “de emigrantes refugiados

      Polarización : nativos digitales ( n.d.) - generación del click (g.c )

      Descreimiento y vaciamiento de referentes de grupalidad: nuevas formas emergentes de lucha: diversidad.

      tendencia a retirarse de los espacios públicos- mayor temor –mayor distancia .individualismo

      sentimiento de incertidumbre , inseguridad , vulnerabilidad, precariedad , inestabilidad y desconfianza
      .

      Refundación de nuevos lazos sociales, con nuevos paradigmas de vinculación.

      pérdida de la privacidad – lo privado se hace público

      El pueblo expresa sus carencias y sus necesidades, públicamente.

      la figura del ciudadano devenido consumidor

      Surgimiento de nuevos modelos y valores. sálvese quien pueda.

      Ruptura del contrato social.

      Debilitamiento y vaciamiento de referentes de grupalidad.

      Borran fronteras intergeneracionales.

      Precarización del contrato de trabajo.

      Valorización de la información.

      Desvalorización del conocimiento.

      Uniformidad de roles de género


martes, 1 de mayo de 2007

De una modernidad a otra. Z.Bauman

Suplemento Cultura
Publicado en la ed. impresa: Suplemento Cultura
Domingo 10 de diciembre de 2006
Bibliografía

De una modernidad a otra

VIDA LIQUIDA
Por Zygmunt Bauman-(Paidós)-Trad.: Albino Santos Mosquera-

Hay conceptos que quedan íntimamente ligados a sus creadores. Tal es el caso de "modernidad líquida", que inequívocamente remite a Zygmunt

Bauman. Nacido en Polonia, en 1925, Bauman fue profesor durante quince años en la Universidad de Varsovia y durante veinte en la Universidad de Leeds. "Descubierto" tardíamente por el público hispanohablante , en la actualidad se consiguen en librerías más de veinte títulos suyos traducidos en los últimos diez años.


En Vida líquida , su último trabajo, analiza

desde la perspectiva de lo líquido diversos aspectos de la vida contemporánea.

Como en textos anteriores, su escritura se ordena aquí a partir de un paralelismo entre dos modernidades. La primera modernidad fue aquella

que hizo estallar las instituciones, los valores, los pensamientos premodernos. El ataque a la tradición, el culto de lo nuevo, el resquebrajamiento de la idea de autoridad permitieron a quienes vivieron ese proceso experimentar que "todo lo sólido se desvanece en el aire", según la expresión de Karl Marx, popularizada por Marshall Berman. Pero, según Bauman, la pretensión última de los impulsores de esa primera modernidad era poner en marcha un proceso de creación de instituciones, normas, valores que fueran más sólidos aún que sus antecedentes premodernos. En la actualidad seguimos siendo modernos, pero hemos perdido esa aspiración a la solidez. Hoy impera lo flexible, lo fluctuante. Es el tiempo de los fluidos. De ahí que para Bauman sea apropiado referirse a nuestra época como "modernidad líquida".

Mientras que la modernidad sólida es la época de la invención del individuo (que rompe el vínculo que unía al hombre premoderno con la comunidad), en la modernidad líquida el individuo se encuentra asediado desde distintos frentes. Por un lado, vive su

individualidad como una obligación de ser absolutamente diferente a los otros pero, al mismo tiempo, todos los otros tienen la misma presión que él, de modo que su anhelo de diferencia vuelve a colocarlo en el lugar de la identidad. El afán por la singularidad está hoy profundamente ligado al mercado y su lógica consumista, por lo cual, sostiene Bauman,

"la lucha por la singularidad se ha convertido actualmente en el principal motor tanto de la producción en masa como del consumo de masas". Ser un individuo cuesta mucho dinero. Por ello,

no todos están en condiciones de pasar de ser un individuo de derecho a un individuo de hecho. El temor a no alcanzar el nivel económico que permita ejercer la libertad de consumir y el temor hacia aquellos que han quedado fuera de las posibilidades de esa libertad amenazan a

quienes tienen hoy la pretensión de enarbolar su individualidad. Esto último tiene, además, consecuencias muy severas en cuanto a la vida ciudadana, ya que, afirma Bauman, "la tendencia a retirarse de los espacios públicos hacia islas de uniformidad se convierte, con el tiempo, en el mayor obstáculo a la convivencia con la diferencia". Es decir, cuanto mayor es el temor, y más grande la distancia que se impone a aquellos a los que se teme, menores son las probabilidades de que se logre comprenderlos, aceptarlos.

El perfil consumista del individuo de la modernidad líquida no concierne únicamente a su trato con los objetos. El mensaje de la sociedad de consumidores es que "todo es o podría ser una mercancía, o, si todavía no lo es, debería ser tratado como tal". Como ya lo había hecho en Amor líquido , Bauman insiste aquí en la precarización de las relaciones personales, que fluctúan al ritmo vertiginoso que el "síndrome consumista", caracterizado por la exaltación de "la rapidez, el exceso y el desperdicio", le impone. Las rupturas de pareja ya no sorprenden a nadie. Al contrario, se sospecha de aquellos que demoran demasiado tiempo en llevarla a cabo (Bauman cita un informe según el cual "el tiempo óptimo para desanudar el nudo matrimonial ha pasado a ser de entre 18 meses y dos años").

Otro ejemplo del cambio de una modernidad a otra se puede encontrar el cuerpo. Mientras que hasta no hace demasiado el parámetro para juzgar el buen o mal estado de un cuerpo era la salud, ahora lo es el "estar en forma". El problema es que el concepto de "buena forma" es tan vago y subjetivo, y se presta de tal modo a comparaciones con los criterios de otros, que nunca se llega a su realización plena.

Y no puede llegarse porque, precisamente, el consumo -y el fitness es según el autor una práctica típicamente consumista- se mueve a partir de una insatisfacción que él mismo tiene que alimentar.

¿Cuáles son los referentes de ese individuo líquido?

No, sin dudas, los mártires premodernos, capaces de sacrificarse por una causa, aún a riesgo de ser incomprendidos por sus propios congéneres. Pero tampoco los héroes modernos (versiones secularizadas de los mártires), que podían inmolarse por una utopía política o por un futuro mejor para los suyos. Su modelo lo constituyen las celebridades mediáticas, cuyo reinado -efímero, por cierto, pero permanentemente sustituible- se autoalimenta en "la abundancia de imágenes suyas y la frecuencia con la que se mencionan sus nombres en los programas de radio y televisión".

Mencionábamos al comienzo que luego de un demorado descubrimiento entre los hispanoablantes, Bauman se ha convertido en un fenómeno editorial. ¿A qué se debe esto?


En buena medida, a su estilo. Los libros de Bauman (y Vida líquida es un claro exponente de esto) pueden leerse en el subte, en una plaza, en la playa. No requieren una concentración monacal ni un desmesurado esfuerzo exegético. Su discurso apunta más a la persuasión que a la demostración. Y en esto el uso de los ejemplos es clave. Es muy difícil no identificarse con las situaciones que describe. Intuitivamente uno "siente" que Bauman tiene razón y tiende a dar crédito a sus palabras sin necesidad de que el autor aporte pruebas de lo que dice.


Pero, además, al hecho de que aún en los pasajes más duros (como cuando se refiere a las "vidas desperdiciadas" de quienes no pueden encontrar un lugar en el sistema de consumo) deja lugar a la esperanza. Para él los seres humanos "no podemos conformarnos con lo que es o lo que hay, porque no podemos captar realmente qué es sin tratar de ir más allá".

Gustavo Santiago